El derecho como ordenes coercitivas

Por Juan Pablo Amaro García

Unknown.jpegEn cualquier tipo de sociedad existen circunstancias en las cuales el soberano frente al gobernado exige la realización de una conducta específica, pero este tipo de situación es no son y no deberían ser la forma en que se lleve a cabo el derecho.

Este tipo de exigencias son formas de control con las cuales el soberano se encarga de que se lleven a cabo sus deseos ya sea por medio de imperativos, amenazas, advertencias, suplica so peticiones. Pero en esta relación de soberano y gobernado, no se externa como tal mediante una amenaza, como es en el caso de el código penal, podemos encontrar que tipo de conductas con las no aprobadas y que consecuencia será la que tenga el acto realizado por el gobernado en caso de contradecir el ordenamiento. Esta se realiza de una forma general, teniendo como destinatario a cualquiera que pueda incurrir en las acciones prescritas.

Las directivas oficiales individualizadas, en este caso al ser cara a cara, ocupan un ligar secundario, al cual se dará lugar en caso de que las directivas primarias no sean obedecidas por un individuo en particular. En este tipo de relaciones el funcionario le puede recordar al sujeto y exigirle que acate la norma, como es el caso de los impuestos; o en su defecto se puede documentar e imponerse el castigo previsto por parte de un tribunal.

Con esto podemos entender que, de forma primaria, el control jurídico es un control mediante el cual se emiten indicaciones generales, la cual es la principal característica. Este tipo de indicaciones se aplican en un estado moderno a todo aquel que se encuentre dentro del territorio cobre el cual se ejerza la soberanía, volviendo así las pronunciaciones generales y obligatorias para todos. En un derecho canónico, este tipo de control se emite para todos aquellos que compartan el culto y los ideales, así como los que sean devotos y cumplan al pie de la letra las indicaciones emitidas por la iglesia, siempre y cuando no se emitan para una clase limitada de la sociedad canónica.

Los autores indican que las normas jurídicas son dirigidas a clases de personas, especificas, dando a entender que existen clases privilegiadas u otras de las cuales sea necesario regular mas la conducta.

Unknown-1.jpegEl ordenar a los demás que realicen cierta conducta, es una forma de comunicación por la cual el soberano se dirige a los gobernados, o no necesariamente, se puede dar el caso en que el que se dirija a un grupo sea de la misma clase y del mismo rango pero se respalde en un temor generado hacia el público.

En estas pronunciaciones entendemos el uso de la amenaza y la advertencia como esencial para la emisión de los comunicados y el cumplimiento u obediencia de los mismos. Cuando es el caso de dictar normas jurídicas, se realizan con el fin de que el gobernado las acate y se siga llevando a cabo el estado de derecho con un sentimiento de respeto mismo a las normas y al legislador.

Cuando se alude a que ciertas normas están dirigidas a un grupo de personas determinado, se refieren a que usualmente son personas a las que la norma partículas se les aplica, pero se exige un cierto comportamiento.

Las normas jurídicas al momento de ser planteadas y emitidas tienen la característica de permanencia o persistencia, principio que ayudara a que la norma se respete en el tiempo y su cumplimiento dure dentro de la sociedad.

Cuando el legislador emite un comunicado y se promulgue una norma, es importante que se realice de manera amplia y general para que tal comunicado afecte a toda persona que se encuentre dentro de la jurisdicción y tenga posibilidad de cumplir u omitir la indicación establecida.

Para este tipo de pronunciamientos se lleva a cabo el uso de la facultad de mando así como las relaciones de poder en el cual el gobernado se ve obligado a cumplir y llevar a cabo la orden emitida. Aunque claro también se puede dar el caso en que e gobernado no tenga el sentimiento de obligación y lleve a cabo lo establecido por mero respeto y por educación cultural la cual le indica que lo correcto es seguir el pronunciamiento.

En el texto se tocan ideas como son la supremacía y el poder mismo, con estas características se puede demostrar una prioridad de entre los comunicados, las normas y los pronunciamientos que se realicen respecto de la relación de subordinación y obediencia.

En todos casos, cuando tenemos una sociedad que no se encuentre tan educada, lo mas importante es generar el temor o la incertidumbre de las consecuencias que tendría el no acatar las normas o desafiar el poder del soberano.

Si bien no es lo mas correcto de una sociedad moderna, sigue siendo efectivo el uso del temor de los sujetos, y claro; para erradicar este tipo de prácticas, bastaría con inculcar el sentimiento de respeto en la gente apegado a la nacionalidad y la legalidad de las normas. Así como un buen juicio por parte de los sujetos afectados por los comunicados del soberano.

Unknown-2.jpegConsidero que es importante e interesante el como el soberano puede comunicarse con el gobernado con el fin de que este acate las normas y la manera en que el soberano puede manipular el entendimiento del gobernado. Aunque claro cómo se mencionó antes, no es necesariamente la relación entre el gobernado y el soberano la cual tendrá estas características, puede ser dentro de una relación de coordinación en la cual uno de los sujetos adquiere un mayor rango que el otro o un respeto obligado derivado del temor que este pueda fomentar con sus amenazas o la tacita advertencia de las consecuencias que pueden devenir si no se llevan a cabo las indicaciones establecidas o si se cuestiona la facultad de mando del emisor. Como conclusión, en cualquier tipo de relación y de emisión de una orden existe la coercitividad que hará efectivo el cumplimiento del deseo externado.

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Un comentario en “El derecho como ordenes coercitivas

  1. Esta idea del derecho como “ordenes o imperativos respaldados por amenazas” se remonta al siglo XIX con el pensamiento de John Austin. Pese a que a Austin le debemos el haber sido uno de los primeros en construir una Teoría General del Derecho, su modelo imperativista basado en el deber jurídico se queda muy corto ante la complejidad de un objeto como el derecho.
    El gran crítico de Austin, H.L.A Hart expone en su obra “The Concept of Law” una serie de argumentos que sirven para refutar y deconstruir el modelo de Austin. De entre las principales objeciones que Hart realiza se encuentran; por ejemplo, el hecho de que no todas las normas dentro del ordenamiento guardan un mismo origen, no todas provienen de un soberano; verbigracia el caso de las normas consuetudinarias. Por otro lado, este modelo imperativista pasa por alto la función atributiva del derecho, aquellas normas que conceden potestades públicas y privadas (permisos e investiduras) por lo que no habría derechos subjetivos, capacidad, ni competencia, por mencionar algunos ejemplos. Sin embargo, la crítica fundamental estriba en el hecho de que la idea del derecho como ordenes o mandatos respaldados por amenazas de una sanción no es capaz de reproducir el concepto de “regla” y es a fin de cuentas, esta noción de la regla la que nos permite diferenciar entre las ordenes de un asaltante y las de un soberano (idea un tanto similar al “hilo conductor” en Kelsen en la que distingue entre un sentido objetivo y un sentido subjetivo en cualquier hecho).
    Ahora bien, esta idea de la “coercitividad” como el concepto central del derecho, es también susceptible de ser puesta en tela de juicio. Hay ciertas normas (más presentes en el derecho constitucional y en el derecho internacional) que no establecen ningún tipo de sanción ni de coacción, ni siquiera todas las normas taxativas o imperativas llevan consigo la imposición de una sanción y una coacción; el ejemplo clásico es el deber jurídico (mal llamado obligación) de ir a votar. Si uno no vota, no existe ningún tipo de instancia o de herramienta con la cual se nos pueda castigar por haber incumplido con nuestro deber. Y no por ello, pese a su carácter meramente programático, vamos a dejar de considerar a este precepto como una norma jurídica.
    Saludos.

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